He padecido de Cardiopatitis y tu?

Todos los padres de niños cardiópatas padecemos o hemos padecido, en algún momento de nuestras vidas, un caso más o menos grave de “cardiopatitis” aguda.

La “cardiopatitis” no es una enfermedad congénita, sino adquirida, y la adquirimos en el mismo instante en el que se nos comunica el diagnóstico de la cardiopatía congénita de nuestro hijo.

La “cardiopatitis” no es una enfermedad definida ni contemplada en los manuales médicos y, sin embargo, puede llegar a tener efectos devastadores no solamente en aquél que la padece, sino también en todos los que le rodean, dado que es una enfermedad altamente contagiosa.

Al no estar reconocida como enfermedad, el que padece “cardiopatitis” no sabe que la tiene, ni sabe cómo enfrentarse a ella, ni se atreve siquiera a hablar de sus síntomas. Y, sin embargo, tiene unos síntomas muy claros, que son: la angustia, la sensación de impotencia, el sentimiento de culpa, el dolor, la depresión.

En definitiva, el elemento más destacable de la “cardiopatitis” es el miedo. Un miedo atroz al futuro. Un futuro incierto en el que se vislumbran nubarrones que van desde el gris pálido de la incertidumbre hasta el negro cerrado de la muerte.

La “cardiopatitis” se caracteriza por un intenso deseo de paralizar el tiempo, de rebobinar la película y rescribir el guión. Se trata, en último término, de la huída, del alejamiento de una realidad que somos incapaces de afrontar. Esta huída no tiene por qué ser necesariamente hacia atrás, también puede ser una huída hacia delante. En estos casos, se tiende a negar la enfermedad, creyendo que en cualquier momento nos vamos a despertar para descubrir que se trata tan sólo de una pesadilla, o se espera que, de pronto, se produzca el milagro de que alguien nos comunique que se ha descubierto la cura indolora, total y definitiva para la cardiopatía de nuestro hijo.

Sin embargo, la cardiopatía de nuestro hijo es una realidad incuestionable, al igual que también lo es nuestra “cardiopatitis”. Y también, al igual que la cardiopatía, la “cardiopatitis”, de no ser tratada a tiempo y debidamente, puede llegar a dejar secuelas no sólo en el enfermo, sino en todo el entorno familiar, ya que es tremendamente contagiosa.

La cardiopatitis puede llegar a aislarnos y no permitirnos flaquear, llenandonos de dudas, anciedades y pensar que nadie puede cuidar de nuestros hijos como nosotros lo hacemos.  El creernos los super papás y no delegar en otras personas el cuidado de nuestros hijos en ningun momento, nos lleba a olvidarnos de nosotros mismos, de nuestras propias necesidades como seres humanos y afectar nuestro entorno familiar y social.

Afortunadamente la Cardiopatitis tiene cura y el primer paso es aceptar que la padecemos y buscar la ayuda de un profesional.  Recuerda que para ayudar a nuestros hijos debemos estar bien nosotros.

http://www.corience.org/es/vivir-con-una-cardiopatia/padres/bebes-con-cardiopatias/cardiopatitis/

 

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